Transformar la virtud en un defecto es deporte olímpico de algunas de las personas que nos rodean, pero lo más triste es, que probablemente, ellas ni siquiera lo sepan, cosa que no las exime de egoísmo.
Cuando intervienes e intentas arreglar situaciones entre las personas que te importan, aun estando tú en otras más complejas, te acabas desgastando; porque resulta que cuando les va bien y sus problemas se han solucionado, en parte, por tu colaboración, se olvidan de todo eso, se olvidan de ti; su vida es plena y dejan de importarles como vaya la de los demás. Entonces tus problemas se vuelven un poco mayores, porque cargas con tu descontento y con el que dejaron los demás.
Mientras unos se quejaban de lo mal que eran tratados por ciertas personas, las peleas que les llevaban a ello y el desgaste que eso les suponía; yo compartía y disentía ciertos aspectos de ese tema, aun así intentaba intervenir evitando que se rompieran vínculos que hoy, siguen unidos. Entonces me toca cargar con todo el resentimiento de esas personas, consiguiendo así que ahora sea yo la que no pueda volver a establecer esos vínculos, la que no espera nada ni quiere que esperen de ella, la que teme que la vuelvan a decepcionar, volver y ver la realidad. Por haber actuado pensando en los demás, por haberlo hecho bien, y no ser egoísta, hoy soy yo la que se jode, la que tiene dudas, la que pierde. Cada día me tengo que dar cuenta de cómo casi no se me tuvo en cuenta, de cómo surgió el proceso hasta llegar a esta situación, de cómo fui tan tonta. Y una vez abierto los ojos, sé con certeza que fue la culpa de sucesos inocentes que se fueron sucediendo uno tras otro, sumándose, hasta convertirse en una bola que te golpea, una aguja que rompe tu burbuja y te hace caer, dejando al descubierto la realidad de los demás, tu realidad.
Después de esto, lo que te queda es dejar de ser de los demás, para ser para ti. Actuar por ti y por tu beneficio, teniendo en cuenta a esas poquísimas personas que se merecen algo de tu atención, porque ahora sabes quién te quiere, quién estará después, quién se irá y quién estará sin necesidad de que tú estés. Y quitando a esas personas, lo que le pase al resto, sus problemas, y las relaciones que rompan con los demás, te da igual, te es indiferente, de hecho, ni siquiera quieres saberlo. Y les volverá a ir mal, porque la primera vez no fueron capaces de solucionar sus problemas solos, por lo que acabarán haciéndolo mal de nuevo, y entonces, quizás no sepan cómo ponerle una solución.
Y como dice el cura, se dice el pecado pero no el pecador.