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A mí, como a otros, no nos alcanzan las formas comunes de expresión y entonces nos salimos de plano...

5 nov 2012

Mi compañero..

Solo llevaba cinco minutos corriendo y ya me faltaba el aire.
Aun así seguí, hoy tocaban diez o más.
A dos minutos de los diez el cuerpo me empezó a fallar.
Comencé a tener nauseas, tenía visión doble y me tambaleaba.
Mi cuerpo me pedía un descanso urgente.
Pero para mí aun no era suficiente, quería más.
Lo que ayer casi no aceleró mis pulsaciones, hoy me estaba matando.
Me veo obligada a parar cuando tropiezo con una farola de la que no me percato.
Estiro, e intento recuperar el aliento.
Cuando ya casi lo he recuperado, tomo conciencia de las vueltas que he dado.
Me doy cuenta, había triplicado mi velocidad respecto a la de los días anteriores.
Y lo entendí.
El porqué casi desfallecida aun no estaba satisfecha.
No era yo la que corría, era mi odio...


1 nov 2012

Esperas de mi. Espero de ti.

«El batallón se había replegado del campo de batalla a un refugio. La contienda era cruelmente combativa. El soldado, muy triste, pidió permiso a su oficial para rescatar al amigo del alma que no había regresado:
-  “Mi amigo no ha regresado del campo de batalla, señor. Solicito permiso para ir a buscarlo”.
-  “Permiso denegado, soldado. No quiero que arriesgue usted su vida por un hombre que probablemente ha muerto”.
El muchacho no encontraba consuelo y sentía una necesidad poderosa de buscar a su compañero. Sintiendo un impulso superior se escapó si autorización. Al poco tiempo regresó mortalmente herido, arrastrando con gran esfuerzo el cuerpo de su querido amigo. El oficial lo recibió furioso:
-  “¡Ya le dije yo que había muerto! ¡Ahora he perdido a dos hombres! Dígame, ¿merecía la pena salir allá para traer un cadáver?”
-  “¡Claro que merecía la pena, señor! Cuando llegué, él todavía estaba con vida, maltrecho. Cuando me vio, su rostro se iluminó, y alcanzó a decirme en voz baja: -¡Mario... estaba seguro que me vendrías a buscar!- ... Y murió”» (JB)

Fuerza, valor y motivación se multiplican cuando alguien espera algo de nosotros. Este hecho nos convierte en alguien útil para esa persona, alguien que puede hacerla sentir mejor, que puede defraudarla pero también sacarle una sonrisa, este hecho hace que creamos en nosotros tanto o más de lo que creen los demás; debería servir para que nos valoremos y nos demos cuenta de lo mucho que podemos aportar a los que nos rodean, tanto bueno como malo. Si nos damos cuenta de la esperanza depositada en nosotros por los demás, nos sobrarán motivos y ganas para hacer aquello de lo que se sentirán orgullosos, aquello que nos hará sentirnos bien a nosotros mismos, porque si los que nos rodean están bien, nosotros, estaremos mejor.

El soldado que dio su vida para ir en busca de su amigo, me resulta una metáfora preciosa de la fuerza que tiene el que los demás crean en ti. Pues no hace falta irse a un caso tan extremo, a menudo nos ocurren cosas y nos encontramos obstáculos que a priori no somos capaces de superar, porque no nos paramos a pensar que hay quien espera que los superemos, que hay quien cree que podemos hacerlo y espera que lo hagamos. Hay personas que esperan que vayamos a por ella y le digamos “aquí estoy, pase lo que pase”. Es una metáfora maravillosa que nos muestra como el simple hecho de saber que esa persona esbozará una leve sonrisa cuando confirme su hipótesis sobre nosotros, nos llena de una fuerza y valor sobre humanos para superar todo impedimento que se interponga en nuestro camino y enfrentarnos al daño que nos pueda causar.

Y es que, el hecho de que tú cumplas con lo que alguien espera de ti, supondrá que esa persona muera ese día con lágrimas en los ojos o con la sonrisa y la satisfacción de no haberse equivocado contigo.

20 oct 2012

Ego

Transformar la virtud en un defecto es deporte olímpico de algunas de las personas que nos rodean, pero lo más triste es, que probablemente, ellas ni siquiera lo sepan, cosa que no las exime de egoísmo.

Cuando intervienes e intentas arreglar situaciones entre las personas que te importan, aun estando tú en otras más complejas, te acabas desgastando; porque resulta que cuando les va bien y sus problemas se han solucionado, en parte, por tu colaboración, se olvidan de todo eso, se olvidan de ti; su vida es plena y dejan de importarles como vaya la de los demás. Entonces tus problemas se vuelven un poco mayores, porque cargas con tu descontento y con el que dejaron los demás.

Mientras unos se quejaban de lo mal que eran tratados por ciertas personas, las peleas que les llevaban a ello y el desgaste que eso les suponía; yo compartía y disentía ciertos aspectos de ese tema, aun así intentaba intervenir evitando que se rompieran vínculos que hoy, siguen unidos. Entonces me toca cargar con todo el resentimiento de esas personas, consiguiendo así que ahora sea yo la que no pueda volver a establecer esos vínculos, la que no espera nada ni quiere que esperen de ella, la que teme que la vuelvan a decepcionar, volver y ver la realidad. Por haber actuado pensando en los demás, por haberlo hecho bien, y no ser egoísta, hoy soy yo la que se jode, la que tiene dudas, la que pierde. Cada día me tengo que dar cuenta de cómo casi no se me tuvo en cuenta, de cómo surgió el proceso hasta llegar a esta situación, de cómo fui tan tonta. Y una vez abierto los ojos, sé con certeza que fue la culpa de sucesos inocentes que se fueron sucediendo uno tras otro, sumándose, hasta convertirse en una bola que te golpea, una aguja que rompe tu burbuja y te hace caer, dejando al descubierto la realidad de los demás, tu realidad.

Después de esto, lo que te queda es dejar de ser de los demás, para ser para ti. Actuar por ti y por tu beneficio, teniendo en cuenta a esas poquísimas personas que se merecen algo de tu atención, porque ahora sabes quién te quiere, quién estará después, quién se irá y quién estará sin necesidad de que tú estés. Y quitando a esas personas, lo que le pase al resto, sus problemas, y las relaciones que rompan con los demás, te da igual, te es indiferente, de hecho, ni siquiera quieres saberlo. Y les volverá a ir mal, porque la primera vez no fueron capaces de solucionar sus problemas solos, por lo que acabarán haciéndolo mal de nuevo, y entonces, quizás no sepan cómo ponerle una solución.

Y como dice el cura, se dice el pecado pero no el pecador.

1 jun 2012

Ni lejos ni siempre

Hay amigos que, cuando te tienen cerca, se mantienen a tu lado y te entregan toda su amistad, son de esas personas insaciables que están dispuestas a todo, que no fallan nunca y que atienden todas tus necesidades. No les molesta nada y nunca les supones un estorbo, son de esos amigos que todos nos sentimos orgullosos de tener y a los que siempre estamos agradecidos. Hasta que un día, cuando decides poner distancia de por medio, te das cuenta de que en esa situación los sientes lejos, más lejos que nunca, pero por el hecho de que ya no se acuerdan de ti y pasan a convertirse en esas personas que hablan contigo cuando no tienen nada mejor que hacer, cuando necesitan una distracción antes de llegar a su próximo destino, cuando se sienten solos, tristes o impotentes, entonces, es cuando se acuerdan de ti, cuando necesitan a alguien con quien hablar. Esos perfectos amigos, compañeros, que nos acompañan cuando estamos en casa nos dejan solos cuando nos vamos, nos apartan a un lado porque no pueden compartir ciertas cosas con nosotros, porque lejos no servimos igual que cuando estamos a su lado, pero una vez juntos de nuevo todo vuelve a ser como antes.

Sin embargo, también están aquellos imperfectos, que cometen sus fallos y que, aunque siempre están ahí, hay que darles un respiro. Son algo intermitentes, a veces estas con unos y otras veces estas con otros, y en ciertas ocasiones coincidimos todos, sí, son esos que te alegran el día y después se van, de esos que saben cuando necesitas ayuda, un abrazo, un beso, que no se cansan de preguntar, “por si acaso”, pero lo mejor, es que SIEMPRE mantienen la misma actitud, cuando estas a su lado y te tienen cerca y cuando te vas y te tienen lejos. La virtud de este tipo de amigos es que siempre te sienten cerca y están contigo. Son esos que se aíslan cuando hablan contigo, o que te llaman porque saben algo que no pueden contar a nadie más que a ti, son de esos que están contigo, siempre.

Curiosamente, al final, valoramos más a los primeros, porque su actitud es la última que nos llega, cuando estamos de nuevo en casa, son a los que elogiamos y etiquetamos de “mejores amigos”, y sin duda, son los mejores, siempre y cuando estemos en casa, ni lejos ni siempre, solo cuando nos sientes físicamente cerca. Por suerte, yo, me considero e intento ser de los segundos, de los de SIEMPRE, tanto cerca como lejos, porque si no sabes estar siempre, casi mejor que no estés nunca.


1 may 2012

Atando Cabos


El miércoles pasado me ocurrió algo que me parece interesante compartir, más que interesante, me parece adecuado. Estaba viendo el capítulo de Mujeres Desesperadas como nunca lo hago, es decir, en la tele. Bree (una de las protagonistas) entraba en un motel, se sentaba en una silla junto a una mesa y sacaba una botella de alcohol y una pistola, con la intención que todos nos imaginamos. En ese momento sentí como en mi estómago se formaba un nudo y los ojos se me llenaban de lágrimas, pero el motivo de ello no era que una de las protagonistas tuviese la intención de pegarse un tiro. El nudo de mi estómago provenía de lo que la había llevado a esa situación y el parecido que tenía con la realidad. Pues Bree llegó a esa situación al verse sola, abandonada por sus hijos, sus maridos y amantes y por últimos, por sus amigas, que con razón se habían enfadado con ella, dejándola sola ante los hechos y acontecimientos que la rodeaban en ese momento.

Aunque parece una escena un tanto exagerada (que lo es), no se aleja mucho de la realidad, si la miramos desde varias perspectivas y nos apartamos un poco de lo que es la trama de la serie. Ya que no solo me quiero quedar con el hecho de que una de las protagonistas esté agobiada y se quiera dar un tiro si no cómo ha llegado a ello y como se podía haber evitado, pues sus amigas cegadas por las razones que les llevan a no hablarle a Bree ignoran lo sola y desesperada que está su amiga. Un simple acto podría evitar que se sienta sola, pero nadie hace nada, porque todos tienen motivos para no hacerlo, pero si su amiga muere esos motivos al final serán insignificante y absurdos. Pues todos, inconscientemente o no, nos hemos visto metidos en estas situaciones alguna vez, cómo un pequeño gesto de nuestra parte podría haber cambiado el futuro, cómo un acto insignificante en un momento dado puede significar la salvación de otra persona. Y aunque sin llegar a la situación dramática y exagerada de la serie, nuestros actos o más bien la ausencia de ellos pueden tener terribles consecuencia, y esto no nos hacen peores personas, porque seguramente que tengamos motivos para volver la cara a alguien por algún daño que nos haya causado, y por eso es tan fácil “cagarla” y sufrir las consecuencias en un futuro cercano.

Esto fue lo que se me paso por la cabeza cuando Bree saco la pistola, eso fue lo que ató el nudo en mi estómago, y eso mismo fue lo que me llevó a prometerme que ante una situación desesperada, intentaré tener en cuenta todas las consecuencias de mis actos, o de la ausencia de ellos.


Lucía.

11 mar 2012

Cuando confío en ti

Cuando un día me dicen: “si alguien me da su confianza yo también tengo que confiar en ese alguien, como mínimo”. Entonces yo me empiezo a preguntar el significado de “confiar”, si alguien me da su confianza sin yo pedírsela, realmente me alaga mucho, pero no es necesario que yo le de la mía; pienso que cada persona necesita su tiempo y que cuando das sin esperar nada a cambio, es sin esperar NADA a cambio, ya que así la recompensa casi siempre es mayor. Tras plantearme la definición de esta palabra he decidido buscarla de la forma más sensata, observando a los demás y a mí misma, es decir, cuándo confío yo en los demás y cuándo lo hacen ellos en mí, cómo y por qué. Suerte que tengo grandes amigos en los que confiar y esto ni me ha sido difícil ni me ha llevado mucho tiempo, pues confías en mí, no solo cuando me cuentas tus cosas esperando que yo no las cuente a nadie y que las guarde para siempre. Lo haces cuando al contármelas esperas mi respuesta sensata, no mi aprobación y mis halagos, si no mi verdad y sinceridad, cuando confías en que te diré en lo que fallas para que puedas corregirlo y en consecuencia un día yo esperaré lo mismo. Vuelves a confiar en mí cuando me valoras, cuando me crees capaz de conseguir lo que me propongo, lo que te propongo y lo que te prometo. Confío en ti cuando se que al volver seguirás ahí y seguirás igual, porque sabes que yo volveré y que en realidad no me fui jamás. Confío en ti, no porque me dieras tú confianza, si no porque un día me demostraste que te importaba, porque un día me fui y al volver estabas, porque un día te necesité y viniste a mí, y nunca me pediste que confiara en ti porque confiabas en que un día lo haría. Confío en los demás como amigos, como hermanos, como confidentes, como cómplices, como mi familia, como scouts... Un día me pregunté qué es “confiar” y me di cuenta que confiar es SABER que iré a verte y mantener esa esperanza aun habiéndola perdido yo, aun viendo que todo apunta a lo contrario y entonces.., nos vemos, porque un día te lo prometí y tú confiaste en mí.

Por mi rubia, porque se lo merece ;)

Lucía

16 feb 2012

El juguete viejo

“Sam tenía muchos juguetes, numerosos muñecos con los que se pasaba las horas y las horas jugando, pero había uno, concretamente uno que era especial, un muñeco que estuvo con él cuando tenía miedo a la oscuridad, cuando se iba a la cama, cuando mamá se enfadaba y lo castigaba en su cuarto, cuando entró en el colegio y aun no conocía a nadie, cuando se ponía enfermo y tenía que guardar cama, cuando murió la abuela, cuando se retrasaban en recogerlo de las clases, cuando estaba triste, cuando fracasaba, cuando se sentía solo… Ese muñeco había estado con él siempre, había sido su apoyo y lo seguía siendo.

El día de su cumpleaños, cuando se levanto se dio cuenta de que su muñeco no estaba y comenzó a buscarlo desesperadamente, hasta que miró detrás de la cama, y ahí estaba, se le había caído por la noche. Cuando fue a cogerlo su madre lo llamo para que bajara urgentemente. Sam hizo caso a su madre y cuando bajo al salón de su casa, papá y mamá le esperaban con un montón de regalos. Era un niño bueno, así que se los merecía todos. A Sam le gustaron mucho sus regalos, eran todos tan nuevos y entretenidos, se pasó la tarde jugando y cayó rendido, así que su madre lo subió a la cama por la noche y se durmió. A la mañana siguiente Sam se despertó con ganas de jugar con sus juguetes nuevos, pero se paró a pensar por un instante en su viejo muñeco y recordó que estaba detrás de la cama, pensó que más tarde estaría allí igualmente así que ya lo recogería cuando acabara de jugar con sus juguetes nuevos. Pero ese día mamá también tuvo que subirlo a la cama porque había jugado toda la tarde y estaba muy cansado. Al siguiente día pasó lo mismo y decidió recoger su muñeco del suelo más tarde.

Y así un día tras otro, hasta que un viernes, cuando llegó del colegio, se empezó a poner enfermo, ya no tenía ganas de jugar, ni siquiera con los juguetes nuevos, estaba desanimado y cada hora que pasaba se encontraba peor. Entonces se acordó de su viejo muñeco que siempre le había acompañado en los malos momentos. Convencido subió como pudo las escaleras y entró en su cuarto, se fue hacia la cama, miró detrás de ella en el suelo y su viejo muñeco, ya no estaba…”

Podemos saber el lugar exacto de las cosas o las personas, pero si no les prestamos atención y solo vamos a buscarlas cuando las necesitamos, pueden no estar en el lugar donde las dejamos la última vez.

Tú también tienes a muchas personas que te quieren. Yo, soy una de ellas ;)

10 feb 2012

Lo que tenía pendiente

Hoy  no quiero escribir mucho, no me apetece. Pero hay varias cosas que tenía que decir y que enseñaros, pues son las buenas cosas con las que me voy a quedar.
Os dejo unos vídeos que hice en la facultad, de los buenos momentos que pasamos por allí, sí, también se pasan buenos momentos. La verdad es que me gusta mi clase y mis compañeros son estupendos, este cuatrimestre me lo voy a pasar viviendo en allí, pero la verdad es que no me importa mucho porque creo que así aprovecho más el tiempo y hago menos el vago. Para este cuatrimestre además tenemos proyectos, pero proyectos que se tienen que llevar a cabo, porque si no vamos a ser unos pardillos, y #estáfeo.
Bueno, pues os dejo los videos, las penas de las que lamentarse y las pocas ganas de seguir; unos se las dejan al psicólogo por 50€ y yo las dejo aquí por algo menos. ;)




13 ene 2012

Indefensión aprendida

La indefensión aprendida se da cuando las personas atribuyen un fracaso a su capacidad de enfrentar situaciones difíciles. Hablando en cristiano, se refiere a que nos culpamos a nosotros mismos de los errores que cometemos o de las cosas que no conseguimos. Es algo que llevo estudiando desde el año pasado, pero que hasta ahora no me había dado cuenta de lo cerca que lo tenía y de sus consecuencias, pues, aunque yo no sufro de ella por suerte, veo continuamente este fenómeno a mi alrededor. Es cierto que somos responsables en parte de la mayoría de las cosas que nos pasan, desde hacer un buen examen hasta luchar por un mundo mejor. Pero hay veces, fracasos de los que nosotros no somos culpables, fracasos que no dependen de nosotros, sino de otros factores o de otras personas. El problema de la indefensión aprendida es que no vemos esos factores externos, solo atribuimos el fracaso a factores internos, a nosotros, a nuestra persona. Hay ocasiones en las que nos podemos sentir rechazados por una o un grupo de personas, para mí parecer, el rechazo de las personas que nos importan es uno de los fracasos más duros que hay, de los que más duelen y de los que menos entendemos. En esas ocasiones es cuando más nos preguntamos “¿por qué?”, y las respuestas suelen ser “porque no soy lo suficientemente buen@, porque tengo demasiados defectos o porque no nos esforzamos lo suficiente”, vete tú a saber el montón de “porqués” que se nos pueden ocurrir culpándonos a nosotros, y con cada respuesta nos hundimos un poquito más, con cada respuesta creemos menos en nosotros y si yo dejo de creer en mí, ¿quién va a creer? Lo peor es que probablemente estás respuestas sean erróneas y lo acertado sería pensar en que nosotros no tenemos la culpa, que lo más probable es que las personas que nos rechazan lo hagan porque les da miedo aceptarnos, porque no están a nuestra altura, porque no saben valorar lo que tienen delante, porque no saben aprovechar las oportunidades, porque no se merecen nuestra atención, porque no reconocen lo bueno cuando lo tienen delante, porque no ven más allá de sus narices, porque no saben ver las virtudes o no quieren verlas por miedo a que le gusten demasiado, porque son personas ciegas... porque en vez de culparnos a nosotros, debemos sentir compasión por ellas, ya que nunca tendrán otra oportunidad como la que dejaron escapar y nuestra satisfacción estará en la suerte que tuvimos al ser rechazados por ciertas personas ya que nunca nos habrían valorado como es debido, ya que, al fin y al cabo, ellos son los que se quedan vacíos mientras que nosotros nos llenamos del orgullo de saber que no fuimos los responsables de ese rechazo.

Quizás esto sirva de poco o no sirva de nada, ya que puede parecer que para mi sea muy fácil decirlo, porque hace tiempo que me niego a ser la responsable de todo, quizás esta postura me haga ver fácil lo que otros ven tan difícil. Pero como yo no sé lo que sienten los demás, porque entre otras cosas no soy adivina, pues no me queda otra que expresar mi punto de vista esperando que sirva, parezca fácil o no.

Para Ann, si algún día encuentras un hueco para leerlo, espero que te sirva.


Lucía.