Pues yo estoy bien. Acabo de cumplir 21 años y mi vida se puede resumir en una canción (de esas con las que te identificas); claro que solo se pueden resumir ciertos aspectos, los esenciales no, esos no se podrían resumir en canciones, es más, no se podrían resumir.
Ha sido un buen año dentro de lo que cabe. Porque las cosas no han ido mal, las esenciales claro. Con sus más y sus menos, un año más ha pasado, y un año más, he vuelto a mirar a mi alrededor y me he sentado a contemplar lo afortunada que soy:
Primero, el día que empezaba a cumplir otro año, el 18 a las 12 de la noche. Mi madre esperó a las 00:00 para felicitarme, después mi padre, mi tías, mi hermano y en fin, el resto de la familia. Y me di cuenta que... tengo una gran familia.
Después me senté en el patio, con mis amigas, mis cuatro AMIGAS (pocos son los que puedan escribir así está palabra). Ahí, miré a la amistad a los ojos, allí estaba, sentada y comiendo tortitas como una más, porque siempre nos acompaña. Me di cuenta de lo afortunada que era por ser una de las personas en este mundo que saben lo que es la verdadera amistad. Porque tenía a mi lado a los mejores amigos que nadie puede desear.
Cuando se fueron, me senté a leer felicitaciones de más amigos quizás, físicamente, más lejos que los anteriores, pero que yo siento muy cerca. También me sentí afortunada porque recordé que vaya donde vaya, habrá gente que merezca la pena y que, si así es, vendrán a mí o yo iré a ellas y me habré adjudicado otro regalo para ser más afortunada.
Por último me acosté y me pregunté: si yo conozco y tengo a mí alrededor a las mejores personas del mundo, ¿qué queda para los demás?
Obviamente no seré la única que tenga este pensamiento, pero para mí y, estoy segura que para vosotros también, yo soy la que más razón tiene.
Este año me mudo y puede que el título del blog no os aporte mucho sentido, pero este ya no se refiere a un lugar físico, ni siquiera a uno que se pueda ver. Se refiere al lugar donde guardo a todas las personas que me hacen sentir afortunada, a todas esas personas esenciales para mí. Y ahí estarán siempre mientras no muera ni su esencialidad, ni la mía.
Lucía.