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A mí, como a otros, no nos alcanzan las formas comunes de expresión y entonces nos salimos de plano...

2 oct 2013

El cometa

Estaba mi hermano estudiando el sistema solar y lo que hay en él cuando leí algo que me llamó la atención.

¿Sabéis que es un cometa? Es decir, seguro que sí, pero los detalles de la definición que venía en el libro me hizo pensar en algo. Pues “un cometa es un cuerpo celeste, sin luz propia, la cual es proporcionada por el sol cuando pasa cerca de él”. El sol derrite el hielo del cometa y lo ilumina, dándole luz y ese aspecto tan maravilloso que podemos ver cuando pasa cerca de nuestro planeta.

            El cometa, al principio, no posee luz propia hasta que no se acerca al sol, pero una vez que se aleja del sol, vuelve a enfriarse  y deja de estar iluminado. Por lo que, mientras que uno pierde la luz, el otro (el sol) se mantiene siempre iluminado, como el resto de estrellas, hasta su muerte.

Lo cierto es que, puede que olvide por un momento que posee luz propia, pero en cuanto vuelve a recordarlo se da cuenta de que nunca dejó de brillar, se da cuenta que los momento malos pueden hacerlo creer que pierde su luz, pero la verdad es que sigue iluminando a los que hay a su alrededor, como a los cometas.

Y yo, hoy, también me he dado cuenta, hoy sé que tampoco dejé de brillar.


19 sept 2013

Lo esencial

Pues yo estoy bien. Acabo de cumplir 21 años y mi vida se puede resumir en una canción (de esas con las que te identificas); claro que solo se pueden resumir ciertos aspectos, los esenciales no, esos no se podrían resumir en canciones, es más, no se podrían resumir.

Ha sido un buen año dentro de lo que cabe. Porque las cosas no han ido mal, las esenciales claro. Con sus más y sus menos, un año más ha pasado, y un año más, he vuelto a mirar a mi alrededor y me he sentado a contemplar lo afortunada que soy:

Primero, el día que empezaba a cumplir otro año, el 18 a las 12 de la noche. Mi madre esperó a las 00:00 para felicitarme, después mi padre, mi tías, mi hermano y en fin, el resto de la familia. Y me di cuenta que... tengo una gran familia.
Después me senté en el patio, con mis amigas, mis cuatro AMIGAS (pocos son los que puedan escribir así está palabra). Ahí, miré a la amistad a los ojos, allí estaba, sentada y comiendo tortitas como una más, porque siempre nos acompaña. Me di cuenta de lo afortunada que era por ser una de las personas en este mundo que saben lo que es la verdadera amistad. Porque tenía a mi lado a los mejores amigos que nadie puede desear.
Cuando se fueron, me senté a leer felicitaciones de más amigos quizás, físicamente, más lejos que los anteriores, pero que yo siento muy cerca. También me sentí afortunada porque recordé que vaya donde vaya, habrá gente que merezca la pena y que, si así es, vendrán a mí o yo iré a ellas y me habré adjudicado otro regalo para ser más afortunada.
Por último me acosté y me pregunté: si yo conozco y tengo a mí alrededor a las mejores personas del mundo, ¿qué queda para los demás?

            Obviamente no seré la única que tenga este pensamiento, pero para mí y, estoy segura que para vosotros también, yo soy la que más razón tiene.

            Este año me mudo y puede que el título del blog no os aporte mucho sentido, pero este ya no se refiere a un lugar físico, ni siquiera a uno que se pueda ver. Se refiere al lugar donde guardo a todas las personas que me hacen sentir afortunada, a todas esas personas esenciales para mí. Y ahí estarán siempre mientras no muera ni su esencialidad, ni la mía.

Lucía.

27 may 2013

Nuestros 'pilares'

A nuestro alrededor hay muchos tipos de personas. Están aquellas a las que saludamos todas las mañanas sin inmiscuirnos lo más mínimo en lo que les pase de puertas para adentro; un gran porcentaje que se encuentran en nuestras redes sociales, con las que compartimos fotos, comentarios, algunas solicitudes para juegos, pero no mucho más que una relación virtual; otras a las que vemos asiduamente y a las que les contamos ciertos aspectos de nuestra vida, importantes para nosotros y puede que hasta algo secretos, pero al fin y al cabo este tipo entran al igual que salen de nuestras vidas; y por últimos están nuestros ‘pilares’, sí, esas personas sin cuyo apoyo no seriamos capaces de sostenernos en pie, las cuales notamos que faltan y por las que dejamos que merezca la pena una lágrima.

Al igual que los pilares de una casa, todas y cada una de ellas son importantes, si se vienen abajo, una parte importante de nosotros también lo hace. Pero no acaba aquí el parecido, pues a estas personas, una vez encontradas, hay que cuidarlas. Hay que demostrarles lo importantes que son para nosotros, para nuestros cimientos. Revisar si están en buen estado, contar con ellas a menudo, porque si nos olvidamos, puede que cuando nosotros tengamos una grieta, ellas ya no estén ahí.

Normalmente no son un gran número, se pueden contar con los dedos de una mano, pero son las más valiosas y por ello solemos obviar que están ahí y que no tenemos que hacer más para mantenerlas, y de esta forma, al final, muchos acaban perdiéndolas, acaban tirando los pilares que ellos mismos construyeron y si fallan los pilares de una casa, falla la casa entera.

Sí, por nuestra vida van a pasar muchos tipos de personas, pero estas son las más difíciles de encontrar, de construir, si nos olvidamos o obviamos su presencia, se desgastarán y se irán, entonces nos tocará repetir todo el proceso de nuevo, pero esta vez rotos e incompletos. Al fin y al cabo, puede que nosotros también seamos uno de los pilares de esas personas.

Después de todo no nos diferenciamos tanto de un edificio, o quizás el edificio no se diferencie tanto de nosotros.


Lucía.

4 feb 2013

La insistencia

Nos empeñamos en sustituir esa amistad que perdimos, en encontrarla en otras personas, en buscar en el resto lo que teníamos antes; exigimos esas respuestas, afecto y detalles que tanto echamos de menos. Insistimos en que alguien diferente, nuevo, nos de la calidez y confianza que nos daban antes. Hasta que te das cuenta que es, imposible.

Entonces comienzas a recordar el pasado, detalles que añoras. Unas risas, una mano, una lágrima que nunca llegó a tocar la mejilla, la protección, la confianza ciega e inacabable, las sonrisas infinitas. Y el presente, el quizás triste o feliz ahora, de lo que disponemos en este momento, lo que hemos ganado en consecuencia de lo que hemos perdido, o lo que hemos perdido en consecuencia de lo que hemos ganado. En cualquier caso, siempre falta algo, siempre hay algo que no debió cambiar, algo que habría hecho muy distinto el “ahora”. Quizás personas que están, ahora no estarían tanto; momentos de felicidad que se habrían sustituido por otros o momentos amargos que no habrían ocurrido jamás.

Y vuelves a mirar atrás, pero esta vez con los pies en el presente. Y entiendes que a fuerza de querer, no vas a querer más a alguien. Que por mucho que insistamos, hay momentos que no se van a repetir. Que cada persona es diferente y que por mucho que persistamos no vamos a encontrar a dos iguales, aunque en el fondo de nuestro corazón queramos darle el mismo lugar que ocupaba aquella persona que perdimos.

Lucía.