Estaba mi hermano estudiando el sistema solar y lo que hay en él cuando leí algo que me llamó la atención.
¿Sabéis que es un cometa? Es decir, seguro que sí, pero los detalles de la definición que venía en el libro me hizo pensar en algo. Pues “un cometa es un cuerpo celeste, sin luz propia, la cual es proporcionada por el sol cuando pasa cerca de él”. El sol derrite el hielo del cometa y lo ilumina, dándole luz y ese aspecto tan maravilloso que podemos ver cuando pasa cerca de nuestro planeta.
El cometa, al principio, no posee luz propia hasta que no se acerca al sol, pero una vez que se aleja del sol, vuelve a enfriarse y deja de estar iluminado. Por lo que, mientras que uno pierde la luz, el otro (el sol) se mantiene siempre iluminado, como el resto de estrellas, hasta su muerte.
Lo cierto es que, puede que olvide por un momento que posee luz propia, pero en cuanto vuelve a recordarlo se da cuenta de que nunca dejó de brillar, se da cuenta que los momento malos pueden hacerlo creer que pierde su luz, pero la verdad es que sigue iluminando a los que hay a su alrededor, como a los cometas.
Y yo, hoy, también me he dado cuenta, hoy sé que tampoco dejé de brillar.

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