«El batallón se había replegado del campo de batalla a un refugio. La contienda era cruelmente combativa. El soldado, muy triste, pidió permiso a su oficial para rescatar al amigo del alma que no había regresado:
- “Mi amigo no ha regresado del campo de batalla, señor. Solicito permiso para ir a buscarlo”.
- “Permiso denegado, soldado. No quiero que arriesgue usted su vida por un hombre que probablemente ha muerto”.
El muchacho no encontraba consuelo y sentía una necesidad poderosa de buscar a su compañero. Sintiendo un impulso superior se escapó si autorización. Al poco tiempo regresó mortalmente herido, arrastrando con gran esfuerzo el cuerpo de su querido amigo. El oficial lo recibió furioso:
- “¡Ya le dije yo que había muerto! ¡Ahora he perdido a dos hombres! Dígame, ¿merecía la pena salir allá para traer un cadáver?”
- “¡Claro que merecía la pena, señor! Cuando llegué, él todavía estaba con vida, maltrecho. Cuando me vio, su rostro se iluminó, y alcanzó a decirme en voz baja: -¡Mario... estaba seguro que me vendrías a buscar!- ... Y murió”» (JB)
Fuerza, valor y motivación se multiplican cuando alguien espera algo de nosotros. Este hecho nos convierte en alguien útil para esa persona, alguien que puede hacerla sentir mejor, que puede defraudarla pero también sacarle una sonrisa, este hecho hace que creamos en nosotros tanto o más de lo que creen los demás; debería servir para que nos valoremos y nos demos cuenta de lo mucho que podemos aportar a los que nos rodean, tanto bueno como malo. Si nos damos cuenta de la esperanza depositada en nosotros por los demás, nos sobrarán motivos y ganas para hacer aquello de lo que se sentirán orgullosos, aquello que nos hará sentirnos bien a nosotros mismos, porque si los que nos rodean están bien, nosotros, estaremos mejor.
El soldado que dio su vida para ir en busca de su amigo, me resulta una metáfora preciosa de la fuerza que tiene el que los demás crean en ti. Pues no hace falta irse a un caso tan extremo, a menudo nos ocurren cosas y nos encontramos obstáculos que a priori no somos capaces de superar, porque no nos paramos a pensar que hay quien espera que los superemos, que hay quien cree que podemos hacerlo y espera que lo hagamos. Hay personas que esperan que vayamos a por ella y le digamos “aquí estoy, pase lo que pase”. Es una metáfora maravillosa que nos muestra como el simple hecho de saber que esa persona esbozará una leve sonrisa cuando confirme su hipótesis sobre nosotros, nos llena de una fuerza y valor sobre humanos para superar todo impedimento que se interponga en nuestro camino y enfrentarnos al daño que nos pueda causar.
Y es que, el hecho de que tú cumplas con lo que alguien espera de ti, supondrá que esa persona muera ese día con lágrimas en los ojos o con la sonrisa y la satisfacción de no haberse equivocado contigo.
Bonita metáfora, me ha gustado mucho esta entrada (y, con la canción de fondo, más aún xD).
ResponderEliminarEl hecho de poder cumplir con lo que los demás esperan de nosotros es maravilloso, pero también es un arma de doble filo, porque...¿qué pasa cuando no lo puedes cumplir, cuando los decepcionas? Creo que es una de las peores sensaciones que hay, el decepcionar a alguien que te importa.
Pues sí, estoy de acuerdo!
ResponderEliminar